Plan de Intervención. Mujeres por la vida
Las Naciones Unidas definen como violencia contra la mujer a todo acto de violencia de género, sea este daños físico, sexual o psicológico e inclusive amenazas, la coacción o la privación de la libertad en contra de la mujer (OMS, 2021). La Convención de Belén Do Pará manifiesta que la violencia contra las mujeres es una violación a los derechos humanos y libertades fundamentales, definiéndola como “toda acción o conducta basada en género que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a las mujeres” (ANIG, 2022, pág 79). Además, hace hincapié al derecho a una vida libre de violencia en el ámbito público y privado que tiene toda mujer (ANIG, 2021).
En América Latina, alrededor del 53% de las mujeres han sufrido violencia física por parte de sus parejas. Es así que en Ecuador se reporta el 31% de violencia de género de acuerdo al informe de ONU Mujeres y el PNUD, siendo uno de los países con mayor porcentaje de denuncias (EL Universo, 2013). De acuerdo con la Encuesta Nacional de Violencia Contra las Mujeres, 65 de cada 100 mujeres han experimentado algún tipo de violencia en Ecuador (INEC, 2019).
En este marco, la Universidad de Cuenca por medio de las prácticas laborales en el contexto social, busca desarrollar las competencias de fundamentación, investigación, evaluación, interacción e intervención, en diferentes contextos y espacios sociales, y de esa manera, insertarse y acompañar al centro especificado por medio de grupos de apoyo.
Según la Organización de las Naciones Unidas se define la violencia de género como todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada (ONU, 1993).
Una mujer que ha vivido sometida a agresión física, desvalorización, relaciones sexuales sin consentimiento, humillación el ámbito público y privado, entre otros tipos de maltrato está determinada a presentar consecuencias en su salud como: cefaleas, dolores de espalda, disminución de la autoestima, depresión, ansiedad, embarazos forzosos o no deseados, estrés crónico, suicidio u homicidio (Calvo González & Camacho Bejarano, 2014). La identificación temprana de la existencia de una situación de violencia permitirá implementar las medidas de intervención necesarias para proporcionar la ayuda pertinente a víctimas y familiares.
La prevención juega un rol fundamental debido a que permite concienciar para que la violencia se considere inaceptable y sea tratada como un problema de salud pública, además se propone prestar servicios integrales de calidad centrados en las mujeres que padecen este tipo de violencia, finalmente se debe sensibilizar a los prestadores de atención de la salud para que atiendan sus necesidades con empatía y sin actitudes moralistas (OMS, 2021).
Por este motivo la Gobernación del Azuay en conjunto con la facultad de Psicología de la Universidad de Cuenca, dentro de sus proyectos de apoyo a la provincia en el área de Equidad y Género, tiene como objetivo el “promover políticas públicas provinciales de equidad, género y atención prioritaria con énfasis en el sector rural; e incidir transversalmente en el sistema de planificación Institucional y Territorial con componentes para la promoción de derechos que permitan aportar a la erradicación de las brechas de inequidad social en la Provincia” (Gobierno Provincial del Azuay, 2022). Se pretende colaborar en el cambio de una sociedad machista a una sociedad donde prime la equidad, libertad e igualdad, mediante la potenciación de capacidades y habilidades de las mujeres promoviendo su autonomía
La violencia contra las mujeres puede ser física, psicológica, sexual y/o patrimonial y es resultado de un sistema de relaciones desiguales de poder, que privilegia la superioridad de los hombres. Este fenómeno involucra toda la organización de la sociedad, mostrándose de manera diferenciada dependiendo de la clase, etnia, raza, edad, orientación sexual, etc. Dando origen así a múltiples discriminaciones (PDOT Azuay, 2015). Independientemente de la forma de violencia que se genere este fenómeno no solo afecta a la víctima, sino también a su entorno, a sus familiares más cercanos y al desarrollo de su comunidad.
En Ecuador, las cifras de violencia son alarmantes; una de cada 10 mujeres han sufrido abuso sexual cuando era niña o adolescente; y 6 de cada 10 mujeres han sufrido algún tipo de violencia en su vida, sea esta psicológica, física, sexual o patrimonial (UNICEF, 2018).
Las mujeres se encuentran marginadas en gran medida del ámbito político con todo el mundo, en muchas ocasiones como resultado de leyes, práctica actitudes y estereotipos de género discriminatorios, bajos niveles de educación, y debido a la pobreza afecta a este grupo de manera desproporcionada (ONU, 2011).
La organización Mundial de la Salud conceptualiza a la violencia como: el uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho, o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o grupo y/ comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones de cualquier tipo (OMS, 2002).
Las características de la violencia sexual suele ser perpetrada por personas del circulo intimo, especialmente por parte de la pareja. La expresión de estas violencias puede aparecer con una variedad de personas con conductas intensivas de intimidación, descalificación, prohibición, invasión física, violencia sexual y muerte (OMS, 2002).
Investigaciones reflejan que la sostenibilidad de la violencia y la discriminación contra la mujer en la sociedad son favorecidas por la tolerancia social. Pues, estudios han señalado que la violencia no es innata sino aprendida, y que es producto de ciertos tipos de relaciones y circunstancias que se pueden modificar (Béjar, 2009).
Las consecuencias de la violencia contra la mujer varían según el área y pueden incluir:
En el ámbito psicológico, la violencia tiene las siguientes consecuencias:
- Problemas de salud mental: trastornos del estado de ánimo, depresión mayor, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno de conversión, trastorno de pánico, trastorno alimentario, del sueño, episodio psicótico etc.
- Síndrome de estrés postraumático (TEPT) miedo y ansiedad.
- Vergüenza Comportamiento extremadamente dependiente.
- Enuresis y encopresis.
- Suicidio (Alagiada et al., 2003)
En la salud física:
Trastorno ginecológico
Abuso y dependencia de alcohol y drogas.
Enfermedades de transmisión sexual (ETS) y SIDA
Lesiones físicas, y lesiones más permanentes como quemaduras o mordeduras, mordeduras o hematomas
Síntomas físicos leves (cefaleas crónicas, dolores abdominales, pélvicos y musculares, fatiga crónica). Cambio repentino de peso.
Durante el embarazo: aumento del tabaquismo, aborto, control prenatal tardío, retraso del crecimiento, sangrado intrauterino, mortinatos y muerte materna (Aliaga-Ahumada et al., 2003).
En el aspecto sexual:
Embarazo no deseado.
disfunciones sexuales.
Obligación ejercida por parte del varón de la practica de aborto
prohibición del uso de anticonceptivos.
daños físicos y psicológicos en específico en el plano sexual.
abuso, acoso y violaciones.
fobias sexuales y de la sexualidad en general (Aliaga-Ahumada et al., 2003).
Investigadores latinoamericanos coinciden en señalar que hay persistencia de una cultura -machista- que sostiene y reproduce ideas, valores y actitudes de desigualdad y discriminación, especialmente hacia las mujeres, que propician las prácticas de violencia y maltrato (Béjar, 2009).
Los roles de género se construyen con el conjunto de normas y preceptos que la sociedad y cultura establecen sobre el comportamiento masculino y femenino. No obstante, dependiendo de la cultura, clase social, etnia y hasta la edad de las personas se puede realizar una repartición sexual del trabajo más primitiva: lo femenino es maternal y doméstico, las mujeres paren a los hijos los cuidan, mientras que lo masculino es lo público. Esta división masculino-femenino, han creado estereotipos rigurosos que han condicionado papeles y limitado potencialidades humanas de las personas al reprimir o incitar ciertos comportamientos de acuerdo su adecuación al género (Lama, 1996).
Para lograr un desarrollo igualitario y democrático en la sociedad es requerida la eliminación de tratos discriminatorios contra cualquier grupo, en el caso especifico de las mujeres ya es una necesidad de suma urgencia el diseño de políticas que tomen en cuenta las condicionantes que han fortalecido la discriminación femenina. Las cuales han sido causadas por ideas y prejuicios sociales. Por lo que, para alcanzar este desarrollo, hay que establecer condiciones de igualdad de trato entre hombres y mujeres (Lama, 1996).
La perspectiva de género reconoce que las diferencias sexuales y las ideas, atribuciones y representaciones sociales construidas en base a esas diferencias son cosas distintas, esta perspectiva identifica y busca eliminar discriminaciones de las que son objeto las mujeres por ser mujeres y los hombres por ser hombres. Una perspectiva de género que tenga impacto sobre hombres y mujeres, beneficiara a la sociedad en conjunto, al superar obstáculos y discriminaciones y establecer condiciones equitativas para la participación en la sociedad (Lama, 1996).
La violencia hacia las mujeres es una problemática que se origina y es reforzada por normas y valores de género que sitúan a la mujer en una posición de subordinación en relación al hombre (García Moreno, 1999). Debido a la desigualdad de poder establecida en la sociedad es posible esta violencia, ya que resulta de estas inequidades de género, más que cualquier otro factor social o individual, es por ello que tiene sentido el que la violencia hacia la mujer prevalezca en las sociedades en las cuales los roles están definidos de manera estricta y en específico en aquellas parejas en las que el hombre tiene el control de los ingresos y toma de decisiones en el hogar (Shane y Ellsberg, 2002).
El proceso de desafiar y cambiar las ya mencionadas inequidades de género y desigualdades en la distribución de poder que se asocian a estas, es el empoderamiento. Este debe brindar acceso y control de los recursos y poder para que las mujeres sean capaces de tomar decisiones informadas y tener control sobre sus vidas (Kishor, 2000).
OBJETIVOS DE INTERVENCIÓN
Objetivo General:
Generar espacios de aprendizaje y acompañamiento a los colectivos de mujeres, en las parroquias de Quingeo, Chaucha, Sayausí y Santa Ana.
Objetivos específicos:
Concientizar sobre temas de violencia de género, vulnerabilidad y prevención a los diferentes colectivos de mujeres.
Consolidar de manera estratégica redes de apoyo autónomas entre las mujeres de las parroquias de Quingeo, Chaucha, Sayausí y Santa Ana.
PARTICIPANTES
Mujeres de las parroquias Quingeo, Chaucha, Sayausí y Santa Ana.
METODOLOGÍA (especificar los materiales que se requieren para el desarrollo del proceso de intervención psicosocial)
La metodología utilizada para el desarrollo del proyecto estará basada en grupos de apoyo y metodologías participativas. Según Soliz & Maldonado (2012) estas metodologías permiten que los integrantes exterioricen, por un lado, miedos, necesidades, tristezas y por otro lado, sueños, anhelos y alegrías, involucrándose como agentes activos de su propio progreso. Así mismo, éstas buscan desarrollar procesos de problematización y desnaturalización, esto debido a que las personas solemos calificar como normal aquello que ocurre con frecuencia lo cual genera una habituación; por esto, este tipo de metodologías tienen como reto hacer visibles los problemas naturalizados y los hábitos nocivos.
Las sesiones con las mujeres se realizarán de manera lúdica, con actividades como cocina, origami, tejido, elaboración de manualidades, pintura, bisutería etc. Siendo necesarios distintos materiales dependiendo de lo que se hará en la sesión. Pero en general se necesitará papelógrafos, cartulinas, marcadores, tijeras, goma para la mayoría de las sesiones.
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